lunes, 28 de marzo de 2011


                                     Tractatus Logico-Philosophicus


Si nos ponemos a pensar seriamente podemos llegar con facilidad a la conclusión que el mismo Wittgenstein trata en este texto: los problemas filosóficos y en la incomprensión de la lógica de nuestro lenguaje para el planteamiento de estos problemas.

Y es que ¿cuántas veces habremos intentado dar a luz a nuestros pensamientos y por no encontrar mediante nuestro lenguaje la expresión correcta, nos hemos quedado insatisfechos con nosotros mismos? ¿Cuántas veces habremos dicho la frase de, “da igual, no se cómo decirlo mejor”?

Si no me equivoco, esta experiencia de no poder decir las cosas tal cual las pensamos, o de no saber cómo decirlo para que nuestro pensamiento se vea claramente reflejado en sólo unas cuantas palabras, es una experiencia insatisfecha que muchos o prácticamente todo el que se para un momento a pensar en algo, lo ha vivido.

No hace falta ser un gran ilustrado y pensador para llegar  a este problema, ni tampoco hace falta pensar en cosas muy específicas y concretas para llegar a esta insatisfacción. Los problemas filosóficos de los que habla Wittgenstein en este caso, o los problemas filosóficos de los que han hablado muchas generaciones de filósofos, no son temas por las que una persona normal no se haya parado a pensar, sino que,  son temas tan comunes, que cualquier ser humano, por el hecho de ser un ser humano, se ha podido preguntar a lo largo de su vida.

A mi parecer, estos pensamientos pueden ser simplificados a una sola pregunta: ¿por qué todo? Pero me parece que el hombre es bastante curioso por su naturaleza misma y en vez de preguntarnos por el todo, hacemos preguntas más específicas con la intención de poder llegar a responder a esta pregunta tan universal en las mentes de todos los seres humanos.

¿Quién no se ha preguntado alguna vez del origen de la especie humana? Me parece que esta pregunta es bastante universal, porque no hace falta ser ningún filósofo, ni biólogo, ni físico para preguntarnos por nuestro propio origen. Estas cuestiones tan básicas son las cuestiones por las que el ser humano se ha preguntado constantemente a lo largo de su existencia. En filosofía, por ejemplo, esta pregunta es clave; todos los filósofos se han preguntado esta cuestión, aunque la forma de la pregunta haya sido en un lenguaje más filosófico: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?

Si nos ponemos a pensar, podemos llegar a la conclusión de que las preguntas que nos hayamos hecho a lo largo de nuestra vida son puras tonterías, y por ello, supongo que más de uno se habrá callado la boca por miedo a que alguien le diga que esos pensamientos son una tontería, que bajemos de la luna a la tierra y que nos preocupemos de cosas que por lo visto, tienen más valor. Tampoco hace falta ir muy lejos, posiblemente cuando entremos en una cafetería,  las señoras que están en la mesa de al lado, no estarán comentando temas como la existencia de Dios, la creación del mundo, o simplemente una sencilla pregunta que supongo que todos se habrán preguntado alguna vez, ¿por qué he nacido cuando he nacido y donde he nacido? ¿Qué pasará el día que yo muera? ¿Adónde iré después de la muerte? ¿Existirá la reencarnación? Y si existe, ¿en qué nos reencarnaremos? Aunque parezca mentira y una locura, creo que alguna vez todos hemos hecho estas preguntas e incluso hemos tenido tiempo para pensar en lo que nos gustaría reencarnarnos en caso de que hubiera reencarnación. Yo por ejemplo lo he pensado, y siempre he dicho que si existe la reencarnación, me encantaría reencarnarme en un oso para dormir todo el invierno. Pero ¿A quien le importa pensar en una posible reencarnación cuando hay temas mucho más importantes en nuestra sociedad que andar pensando en estas tonterías? Definitivamente, lo que ahora está de moda entre las chicas jóvenes es quien va a ganar Gran Hermano, y entre las señoras mayores, los problemas que pueda tener Belén Esteban con la Campanario.

A mi parecer, nos da vergüenza o simplemente ya ni nos interesa preguntarnos sobre las cosas que realmente importan, o tal vez sea que a estas preguntas tan básicas sea difícil encontrar respuesta alguna. O puede ser que, como dice Wittgenstein, los problemas, en los esencial, se hayan solucionado o más bien aún, que lo único que hemos mostrado ha sido lo poco que se ha hecho con haber resuelto estos problemas.

Aún y así, soy de las que piensa, o quiere pensar, que todo el mundo piensa o seguirá pensando en estos temas tan tontos pero a la vez de tanto peso y que con ello, ya sea con un lenguaje más claro como el de la lógica, o más complicado, entre todos intentaremos buscar respuestas a estos problemas que, diga lo que diga la gente, y piense lo que piense la gente, siempre habrá un hueco en nuestros pensamientos por las que el hombre, eternamente,  intentará  buscar soluciones y dar respuestas a los problemas que verdaderamente importan y deben importar.

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