lunes, 18 de abril de 2011

                                   Verdad y mentira


No es nada nuevo decir que el ser humano vive diariamente vocalizando ciertas palabras. Con esas vocalizaciones de palabras podemos estar manifestando nuestro pensamiento, cantando, escribiendo un texto, haciendo alguna cosa en concreto o simplemente hablando por hablar. El lenguaje es esa herramienta sin la cual el ser humano no podría vivir en una sociedad porque el ser humano aparte de ser un ser social por  naturaleza, también es un ser que tiene habla. Si nos ponemos a pensar en lo que sería nuestra vida sin poseer esta herramienta, podríamos sentir que estamos en un pozo vacío, profundo, frío, oscuro y sin salida alguna. Y es que el lenguaje es esa herramienta imprescindible para el ser humano, donde consciente o inconscientemente, queriendo o sin querer, jamás podríamos sobrevivir sin ella, ya que, tanto en clase como fuera de clase, entre amigos, entre familiares, trabajando o de vacaciones, para ir de compras o para ir al monte, para soñar o para tener pesadillas, siempre y constantemente hacemos uso de nuestro mejor amigo, el lenguaje.

Desde el día en que nacemos tenemos un padre o una madre, que aparte de darnos la vida, se muestran impacientes para escuchar nuestra primera palabra; seguramente más de uno de los aquí presentes habrá tenido la oportunidad de escuchar las historietas de un abuelo, las nanas de una abuela y los problemas de alguna tía. Y es que, un niño recién nacido, aparte de tener todos estos privilegios, también tiene inconvenientes como cuando se aburre de escuchar la  misma historia de su abuelo por vigésima vez o cuando ya se ha aprendido de memoria la canción de la abuela; claro que estos abuelos pueden estar tranquilos durante un tiempo porque ya saben que su nieto recién nacido no les va a decir que cambien de “rollo” o que se aprendan otra canción. Pero en general, los abuelos no pretenden aburrirnos con las mismas historias de siempre, sino que en ellos, en esas historias tan aburridas y repetidas, se guarda una verdad: nos quieren enseñar a hablar.

Es evidente que un niño, en general, lo primero que tiene que hacer es aprender a hablar. Y es que, aunque en aquel entonces no entendiéramos el motivo por la que ellos nos querían enseñar un lenguaje, ahora creo que todos somos conscientes del por qué hasta tal punto, que seguramente el día que alguno de nosotros tenga un hijo probablemente, lo primero que hará, sea enseñarle un lenguaje a ese hijo. Sin lenguaje prácticamente, no se puede convivir en una sociedad y para ello basta con traer a la memoria el caso de los niños salvajes, el de Victor y el de Genie.

Pero el lenguaje no sólo es un instrumento para decir cosas verdaderas y agradables sino que también se puede hacer uso de ello para mentir y hacer daño. Por de pronto, todos sabemos que en nuestra propia casa nadie va a intentar a hacernos daño, ni que nos van mentir, pero es que el lenguaje también es un instrumento para enfrentarnos a toda esa gente que tal vez nos quiera hacer daño. En este caso hablo de la mentira. ¿qué es la mentira?

Claro esta que puede haber muchas clases de mentira como una mentirita piadosa, una pequeña broma, una tomadura de pelo o en el  peor de lo casos, una gran mentira. Y es que la mentira se parece a ese amigo tan íntimo, que siempre esta contigo aparentemente pero que al mínimo descuido, se puede convertir en tu mayor enemigo. Actualmente nos estamos acostumbrando a ver cada vez más separaciones de pareja. Una chica le puede decir a su novio que le quiere más que a nadie, que se quiere casar con él y tener muchos hijos, y no sé cuantas promesas más pero también le puede decir todas estas cosas sin cumplirlas, sin que sean verdades. Y es que si luego el pobre chico se da cuenta de que su novia le ha engañado con su amigo, seguramente esa mentira se convierta en tragedia. En este ejemplo tan trágico podemos analizar lo que significa la mentira en sí, como el noúmeno kantiano, es decir, la mentira dicha y la mentira realizada. Cuando la chica le dice a su novio que le quiere, le esta mintiendo sin que el chico lo sepa; cuando el chico descubre la verdad, se da cuenta de la mentira en que ha vivido por parte de su novia y por parte de su amigo.

Pero este es sólo un trágico ejemplo en el que  claro está que podemos conocer algún caso y donde se muestra que  la verdad o la falsedad no se demuestra en los enunciados realizativos sino en los constatativos. Y seguramente nuestros abuelos por muy pesados que puedan llegar a ser siempre nos dejan alguna frase aplicable a la realidad externa como las moralejas que dejan muchos de los cuentos infantiles, pues sí, a lo largo de la vida de cada uno, aprendemos muchas cosas, buenas o malas, verdades o mentiras, pero para mí, siempre será una gran verdad lo que me solía decir mi tia-abuela: la verdad abre los ojos, una imagen vale mas que mil palabras.






Ainhoa Cortea Coscarart

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