lunes, 18 de abril de 2011


                                                                                                           Ainhoa Cortea  Coscarart
       

         Pragmatismo pluralista: miles de intersecciones para un único camino



“Todo lo sabemos entre todos” es la frase que he escogido para dar inicio a mi ensayo sobre el “pragmatismo y relativismo”. ¿Cuál es el último fin en el hombre? ¿la felicidad? ¿el placer? ¿las riquezas? ¿el amor?
Una simple pregunta como ésta nos puede dar muchos dolores de cabeza. Muchos estarán de acuerdo con Aristóteles en que el fin del hombre siempre es la felicidad, pero entonces, ¿qué pasa con las personas que se limitan a la búsqueda de placer, dinero, amor…? Tal vez el dinero, el placer, el amor y otras muchas respuestas como estas puede que sólo sean medios para lograr el fin que según Aristóteles, el que todos buscamos, la felicidad. Pero, ¿qué es la felicidad? ¿la unificación de las riquezas, de la salud, del amor, del placer…?

El hombre es un caminante que sin camino, hace camino al andar. El fin es uno y el mismo para todos, pero el camino para llegar a ese mismo fin está llena de cruces, obstáculos, por las que el hombre constantemente tiene que escoger un camino, el más apropiado según los gustos de cada uno.

Si alguno de nosotros tiene la idea de ir a Madrid a pasar unos días en semana santa, posiblemente pasará por el centro comercial “Itaroa” y se adentrará en la autovía siguiendo todas las indicaciones hasta llegar a Madrid. Pero si resulta que esta persona no tiene coche ni autobús para ir a Madrid, pues siempre tendrá otra alternativa, podrá acudir al barrio de San jorge en busca de un tren a la estación de RENFE. Y si esta persona anda bien de dinero, pues tal vez le interese más ir a Madrid saliendo del aeropuerto de Noain. Es decir, tenemos un único fin, y para ello tenemos la posibilidad de escoger entre muchas alternativas.

Pero tal vez el fin del hombre en general no sea simplemente ir a algún sitio. Pues no, tal y como la filosofía ha ido demostrando durante tantas generaciones es que el fin del hombre es la verdad. Para llegar a este fin también podemos optar entre varias alternativas como buscar la verdad mediante la ciencia o mediante la filosofía. ¿Y cual escogeríamos? Posiblemente, si fuéramos por la calle y planteáramos a la gente esta cuestión y estas dos alternativas, a más de uno en esta clase le daría qué pensar respecto a la carrera que escogió hace año y medio con la intención de salir como unos grandes filósofos de la Universidad de Navarra. Pues para aquellos que se han planteado esta última idea  o para aquellos que en un futuro se puedan plantearlo, sólo puedo decir ¡tranquilos! No hemos metido la pata en escoger esta carrera, aún tenemos mucho que decir, mucho que hacer y mucho en que pensar.
Es que acaso ¿ no era Newton un físico, filósofo, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés? ¿no compartió con Leibniz el crédito por el desarrollo del cálculo integral y diferencial que utilizó para formular sus leyes de la física? Es que acaso ¿no estaba debajo de un árbol pensando cuando se le cayó la manzana y de ahí luego pudo sacar la teoría de la ley de la gravedad?
Newton es un claro ejemplo de que para llegar a la verdad no tienes que limitarte sólo a la filosofía ni sólo a la ciencia. Cuanto más sepamos y cuanto más colaboremos entre nosotros, antes llegaremos a la verdad.

Sería triste aceptar que la filosofía no tiene ningún futuro, que con el progreso de las ciencias la filosofía se haya quedado como una sombra del pasado, en el olvido.

Todos sabemos que hay verdad y todos sabemos lo difícil que es llegar a esa verdad.  Y no se le puede quitar el mérito al progreso de las ciencias, es más, hay que felicitarles por lo que han conseguido y animarles  a que sigan consiguiendo más y más hasta llegar al último fin. Pero aquí la cuestión es otra, ¿vamos a dejar que todo el mérito se lo lleven las ciencias? ¿No sería mejor que todas las disciplinas contribuyeran a la búsqueda de esa verdad?
Todos vivimos en una sociedad, somos seres sociales y como tales todos tenemos un mismo interés, la verdad. El pluralismo afirma que hay diversas  maneras de pensar acerca de las cosas y sostiene que entre ellas hay maneras mejores y peores, y que mediante el contraste con la experiencia y el diálogo racional los seres humanos somos capaces de reconocer la superioridad de un parecer sobre otro; pero lo que esto significa realmente es que las creaciones humanas deben ser remplazadas, corregidas y mejoradas conforme descubramos versiones mejores o más refinadas. Lo que importa es la meta a la que se tiende y los avances que hacia ella se producen. La búsqueda no está obsesionada con el pasado, sino que se encuentra completamente volcada hacia el futuro.

La razón de cada uno es camino de la verdad, pero las razones de los demás sugieren y apuntan otros caminos que enriquecen y amplían nuestra comprensión. Nunca hay un solo camino, el caminante no escoge un camino, el caminante camina y hace camino al  andar.
              La vaguedad


Mediante este texto voy a  tratar el tema de la vaguedad en Russell. ¿Son vagas las palabras? ¿Es vaga la realidad?

Es ya sabido que el lenguaje es el instrumento fundamental del hombre en  su entorno ya que mediante el lenguaje trabajamos, estudiamos, cantamos, hablamos, soñamos, pensamos… pero en parte, el lenguaje también es el instrumento con el que nos solemos referir a los objetos de la realidad externa, el mundo.

Cuando vamos por la calle podemos observar la cantidad de casas, carreteras, semáforos, coches, tiendas, … pero en realidad no son coches ni casas, ni carreteras los que estamos viendo, sino que unos aparatos en movimiento sobre cuatro ruedas, unas estructuras de piedra anchas y altas, un trozo de hierro con tres colores… es decir, en el mundo hay muchos objetos, acciones, lugares, sujetos, etc. y para todos ellos encontramos un nombre que designa a cada uno de los objetos en nuestro lenguaje y hacemos uso de ellas para referirnos a esos objetos. Para decirle a otra persona que han colocado un nuevo semáforo en la calle de abajo, no hace falta cogerle y llevarle a donde está el semáforo para mostrarle lo que han puesto, sino que con solo decirle que han puesto un nuevo semáforo abajo, me va a entender.

Claro está que hablar de cosas como las palabras y lo que representan es algo muy cotidiano. Toda persona que tenga un lenguaje sabrá que una estructura de piedra ancha y larga es una casa. Pero tal vez si vamos a Inglaterra y le decimos a alguien “casa” no sepa a lo que me estoy refiriendo. ¿Será que los ingleses no saben lo que es una casa? Pues claro que no, lo que pasa es que en el lenguaje inglés a la casa se le llama “house”.

Todo esto parecerá una tontería pero no lo es. Lo que pasa es que estamos tan acostumbrados de tener un nombre y una proposición para referirnos a cada cosa que no le damos la importancia que se merece. Tal vez algunos curiosos se hayan preguntado alguna vez del por qué de todo esto. ¿Por qué denominamos a la estructura de piedra casa? ¿Por qué a un coche le llamamos coche y no otra cosa? ¿Quién le puso nombre a cada objeto de nuestro mundo y por qué le puso ese y no otro?

Este tema es muy interesante. El lenguaje es tan cotidiano que nadie o pocos empiezan a cuestionarse  preguntas como estas. Pero es que estamos acostumbrados a ver al lenguaje como ese instrumento tan necesario que nos enseñan desde pequeños para convivir en una sociedad y habitualmente no nos paramos a pensar el por qué de esas palabras. Y esto es lo interesante. Es muy difícil saber el origen y el por qué de cada palabra. Aunque tampoco hace falta ir muy lejos para cuestionarnos estas cosas. Tal vez el preguntarnos del por qué la palabra “casa” se le asigna a todas esas estructuras de piedra que sirven para que la habite la gente sea un poco lejano, ya que las casas existen desde hace mucho tiempo. Por ello me voy a centrar en palabras nuevas, actuales, que del mismo modo nos podemos preguntar el por qué.

Internet ha sido una creación que ha día de doy nos parece indispensable vivir sin ella, pero aparte de todo lo que puede ser Internet, podemos pensar también que como novedad, también es una nueva palabra que se ha introducido recientemente en nuestro lenguaje. Tal vez por ello, si preguntamos a una persona mayor que vive fuera de la ciudad qué es Internet, pues no lo sepa. Y lo mismo pasa cuando una palabra deja de ser usada como cuando ocurrió con el invento del CD, ya que seguramente ninguna persona joven en un futuro próximo sabrá lo que era una “cassette”. Lo que está claro es que con lo nuevos inventos llegan las nuevas palabras, y las viejas dejan de ser usadas hasta desaparecer. Pero también encontramos una diversidad de palabras para referirnos a una misma cosa. Por ejemplo, en mi valle, donde no hay más que 15 pueblos y la distancia entre ellos no es mayor a 20 minutos en coche, encontramos más de una palabra para referirnos a las alubias, “ilarrak”, “banabarrak”, “gisanteak”, “mallarrak”.
Pese a todo esto, creo que todas las palabras asignan un único objeto, por mucho que nos empeñemos a dar distintos nombres, ya que si miramos en el diccionario, será fácil saber cual es la palabra correcta. La diversidad de palabras para referirnos a una cosa depende de las costumbres y cultura de cada pueblo ya que, las palabras correctas para referirnos a la alubia son “babarrunak” o “indabak”.

 A mi parecer, somos muchos los hablantes de cada lengua y por ello, es fácil que cada lengua adquiera palabras distintas para designar  un mismo objeto. Las palabras no son vagas, ni tampoco las cosas, simplemente es cosa de costumbre o hábitos.



Ainhoa Cortea Coscarart
                                   Verdad y mentira


No es nada nuevo decir que el ser humano vive diariamente vocalizando ciertas palabras. Con esas vocalizaciones de palabras podemos estar manifestando nuestro pensamiento, cantando, escribiendo un texto, haciendo alguna cosa en concreto o simplemente hablando por hablar. El lenguaje es esa herramienta sin la cual el ser humano no podría vivir en una sociedad porque el ser humano aparte de ser un ser social por  naturaleza, también es un ser que tiene habla. Si nos ponemos a pensar en lo que sería nuestra vida sin poseer esta herramienta, podríamos sentir que estamos en un pozo vacío, profundo, frío, oscuro y sin salida alguna. Y es que el lenguaje es esa herramienta imprescindible para el ser humano, donde consciente o inconscientemente, queriendo o sin querer, jamás podríamos sobrevivir sin ella, ya que, tanto en clase como fuera de clase, entre amigos, entre familiares, trabajando o de vacaciones, para ir de compras o para ir al monte, para soñar o para tener pesadillas, siempre y constantemente hacemos uso de nuestro mejor amigo, el lenguaje.

Desde el día en que nacemos tenemos un padre o una madre, que aparte de darnos la vida, se muestran impacientes para escuchar nuestra primera palabra; seguramente más de uno de los aquí presentes habrá tenido la oportunidad de escuchar las historietas de un abuelo, las nanas de una abuela y los problemas de alguna tía. Y es que, un niño recién nacido, aparte de tener todos estos privilegios, también tiene inconvenientes como cuando se aburre de escuchar la  misma historia de su abuelo por vigésima vez o cuando ya se ha aprendido de memoria la canción de la abuela; claro que estos abuelos pueden estar tranquilos durante un tiempo porque ya saben que su nieto recién nacido no les va a decir que cambien de “rollo” o que se aprendan otra canción. Pero en general, los abuelos no pretenden aburrirnos con las mismas historias de siempre, sino que en ellos, en esas historias tan aburridas y repetidas, se guarda una verdad: nos quieren enseñar a hablar.

Es evidente que un niño, en general, lo primero que tiene que hacer es aprender a hablar. Y es que, aunque en aquel entonces no entendiéramos el motivo por la que ellos nos querían enseñar un lenguaje, ahora creo que todos somos conscientes del por qué hasta tal punto, que seguramente el día que alguno de nosotros tenga un hijo probablemente, lo primero que hará, sea enseñarle un lenguaje a ese hijo. Sin lenguaje prácticamente, no se puede convivir en una sociedad y para ello basta con traer a la memoria el caso de los niños salvajes, el de Victor y el de Genie.

Pero el lenguaje no sólo es un instrumento para decir cosas verdaderas y agradables sino que también se puede hacer uso de ello para mentir y hacer daño. Por de pronto, todos sabemos que en nuestra propia casa nadie va a intentar a hacernos daño, ni que nos van mentir, pero es que el lenguaje también es un instrumento para enfrentarnos a toda esa gente que tal vez nos quiera hacer daño. En este caso hablo de la mentira. ¿qué es la mentira?

Claro esta que puede haber muchas clases de mentira como una mentirita piadosa, una pequeña broma, una tomadura de pelo o en el  peor de lo casos, una gran mentira. Y es que la mentira se parece a ese amigo tan íntimo, que siempre esta contigo aparentemente pero que al mínimo descuido, se puede convertir en tu mayor enemigo. Actualmente nos estamos acostumbrando a ver cada vez más separaciones de pareja. Una chica le puede decir a su novio que le quiere más que a nadie, que se quiere casar con él y tener muchos hijos, y no sé cuantas promesas más pero también le puede decir todas estas cosas sin cumplirlas, sin que sean verdades. Y es que si luego el pobre chico se da cuenta de que su novia le ha engañado con su amigo, seguramente esa mentira se convierta en tragedia. En este ejemplo tan trágico podemos analizar lo que significa la mentira en sí, como el noúmeno kantiano, es decir, la mentira dicha y la mentira realizada. Cuando la chica le dice a su novio que le quiere, le esta mintiendo sin que el chico lo sepa; cuando el chico descubre la verdad, se da cuenta de la mentira en que ha vivido por parte de su novia y por parte de su amigo.

Pero este es sólo un trágico ejemplo en el que  claro está que podemos conocer algún caso y donde se muestra que  la verdad o la falsedad no se demuestra en los enunciados realizativos sino en los constatativos. Y seguramente nuestros abuelos por muy pesados que puedan llegar a ser siempre nos dejan alguna frase aplicable a la realidad externa como las moralejas que dejan muchos de los cuentos infantiles, pues sí, a lo largo de la vida de cada uno, aprendemos muchas cosas, buenas o malas, verdades o mentiras, pero para mí, siempre será una gran verdad lo que me solía decir mi tia-abuela: la verdad abre los ojos, una imagen vale mas que mil palabras.






Ainhoa Cortea Coscarart

lunes, 28 de marzo de 2011


                                     Tractatus Logico-Philosophicus


Si nos ponemos a pensar seriamente podemos llegar con facilidad a la conclusión que el mismo Wittgenstein trata en este texto: los problemas filosóficos y en la incomprensión de la lógica de nuestro lenguaje para el planteamiento de estos problemas.

Y es que ¿cuántas veces habremos intentado dar a luz a nuestros pensamientos y por no encontrar mediante nuestro lenguaje la expresión correcta, nos hemos quedado insatisfechos con nosotros mismos? ¿Cuántas veces habremos dicho la frase de, “da igual, no se cómo decirlo mejor”?

Si no me equivoco, esta experiencia de no poder decir las cosas tal cual las pensamos, o de no saber cómo decirlo para que nuestro pensamiento se vea claramente reflejado en sólo unas cuantas palabras, es una experiencia insatisfecha que muchos o prácticamente todo el que se para un momento a pensar en algo, lo ha vivido.

No hace falta ser un gran ilustrado y pensador para llegar  a este problema, ni tampoco hace falta pensar en cosas muy específicas y concretas para llegar a esta insatisfacción. Los problemas filosóficos de los que habla Wittgenstein en este caso, o los problemas filosóficos de los que han hablado muchas generaciones de filósofos, no son temas por las que una persona normal no se haya parado a pensar, sino que,  son temas tan comunes, que cualquier ser humano, por el hecho de ser un ser humano, se ha podido preguntar a lo largo de su vida.

A mi parecer, estos pensamientos pueden ser simplificados a una sola pregunta: ¿por qué todo? Pero me parece que el hombre es bastante curioso por su naturaleza misma y en vez de preguntarnos por el todo, hacemos preguntas más específicas con la intención de poder llegar a responder a esta pregunta tan universal en las mentes de todos los seres humanos.

¿Quién no se ha preguntado alguna vez del origen de la especie humana? Me parece que esta pregunta es bastante universal, porque no hace falta ser ningún filósofo, ni biólogo, ni físico para preguntarnos por nuestro propio origen. Estas cuestiones tan básicas son las cuestiones por las que el ser humano se ha preguntado constantemente a lo largo de su existencia. En filosofía, por ejemplo, esta pregunta es clave; todos los filósofos se han preguntado esta cuestión, aunque la forma de la pregunta haya sido en un lenguaje más filosófico: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?

Si nos ponemos a pensar, podemos llegar a la conclusión de que las preguntas que nos hayamos hecho a lo largo de nuestra vida son puras tonterías, y por ello, supongo que más de uno se habrá callado la boca por miedo a que alguien le diga que esos pensamientos son una tontería, que bajemos de la luna a la tierra y que nos preocupemos de cosas que por lo visto, tienen más valor. Tampoco hace falta ir muy lejos, posiblemente cuando entremos en una cafetería,  las señoras que están en la mesa de al lado, no estarán comentando temas como la existencia de Dios, la creación del mundo, o simplemente una sencilla pregunta que supongo que todos se habrán preguntado alguna vez, ¿por qué he nacido cuando he nacido y donde he nacido? ¿Qué pasará el día que yo muera? ¿Adónde iré después de la muerte? ¿Existirá la reencarnación? Y si existe, ¿en qué nos reencarnaremos? Aunque parezca mentira y una locura, creo que alguna vez todos hemos hecho estas preguntas e incluso hemos tenido tiempo para pensar en lo que nos gustaría reencarnarnos en caso de que hubiera reencarnación. Yo por ejemplo lo he pensado, y siempre he dicho que si existe la reencarnación, me encantaría reencarnarme en un oso para dormir todo el invierno. Pero ¿A quien le importa pensar en una posible reencarnación cuando hay temas mucho más importantes en nuestra sociedad que andar pensando en estas tonterías? Definitivamente, lo que ahora está de moda entre las chicas jóvenes es quien va a ganar Gran Hermano, y entre las señoras mayores, los problemas que pueda tener Belén Esteban con la Campanario.

A mi parecer, nos da vergüenza o simplemente ya ni nos interesa preguntarnos sobre las cosas que realmente importan, o tal vez sea que a estas preguntas tan básicas sea difícil encontrar respuesta alguna. O puede ser que, como dice Wittgenstein, los problemas, en los esencial, se hayan solucionado o más bien aún, que lo único que hemos mostrado ha sido lo poco que se ha hecho con haber resuelto estos problemas.

Aún y así, soy de las que piensa, o quiere pensar, que todo el mundo piensa o seguirá pensando en estos temas tan tontos pero a la vez de tanto peso y que con ello, ya sea con un lenguaje más claro como el de la lógica, o más complicado, entre todos intentaremos buscar respuestas a estos problemas que, diga lo que diga la gente, y piense lo que piense la gente, siempre habrá un hueco en nuestros pensamientos por las que el hombre, eternamente,  intentará  buscar soluciones y dar respuestas a los problemas que verdaderamente importan y deben importar.

aprovecha el momento, vive la vida