jueves, 23 de febrero de 2012

Mi casa

Lekaroz

Un dia de verdad

      “El reconocimiento de que las divisiones entre los seres humanos singulares y entre los pueblos son consecuencia en gran medida de que cada uno está convencido de poseer en exclusiva la verdad, ayuda a entrever las vías para regenerar los espacios comunicativos. Se trata de articular enriquecedoramente lo nuevo con lo antiguo, de aunar unas generaciones con otras, de tender puentes nuevos entre las tradiciones, la cultura y los saberes. Para ello es preciso llegar a forjar nuevas relaciones de comunicación entre las personas basadas en el amor a la verdad, en el respeto a la pluralidad y en la aceptación de las limitaciones personales. (…) La verdad es lo más comunicable, por eso la verdad es liberadora, por eso la verdad es lo que los seres humanos nos entregamos unos a otros para forjar relaciones significativas entre nosotros”.

       Mañana, 14 de febrero, día de San Valentín, será el día “oficial” en que las parejas puedan demostrar su amor recíprocamente. En principio, no creo que haga falta un día concreto en el calendario para demostrar el amor que pueda tener una persona hacia su pareja, pero a un y todo, el día de mañana es conocido mundialmente como el día en que las parejas enamoradas se demuestran mutuamente el amor que se tienen; es el día de la verdad, del amor. Por ello, cada miembro de cualquier pareja aprovechará este día para comprar un regalo especial a su amado/a en señal de su amor.

       Seguramente los chicos optarán por comprar algún ramo de flores, alguna joya, una caja de bombones en forma de corazón… y posiblemente, aquellos que tengan un poder adquisitivo considerable, optarán por sorprender a su chica con un romántico viaje a alguna isla paradisíaca, y los más tradicionales, un viaje a París. Las chicas seguramente sorprenderán a su amado con alguna carta de amor, alguna joya singular, tal vez una pluma con un grabado, o tal vez, prefieran la típica sorpresa de preparar alguna cena especial en casa acompañada de buen champán y velitas románticas para crear un mejor ambiente en este día tan especial.

       Pues sí, con el día de mañana todas las parejas querrán demostrar el amor que se tienen el uno al otro; algunos optarán en demostrarlo cuantitativamente y otros cualitativamente. Pero el día de San Valentín no es solo un día en que los enamorados tengan que felicitarse; pues no, posiblemente todos aprovechemos ese día para desear a cualquier persona, ya sean amigos, conocidos, vecinos… un feliz día de San Valentín, independientemente de si tienen pareja o no, porque el día de San Valentín, aparte de ser el día de los enamorados, también es el día del amor, y por ello, de una forma u otra, todos intentaremos comportarnos de manera más dulce en nuestras relaciones con otras personas.

    El día de San Valentín es el día en que las personas se comunican unos a otros el amor que se tienen, la verdad. La verdad es lo que los seres humanos nos entregamos unos a otros para forjar relaciones significativas entre nosotros, y el amor también; la verdad nos une, y el amor también; a todos nos gusta la verdad, y el amor también; a todos nos gusta poder decir la verdad, y que nos digan la verdad, al igual que a todos nos gusta amar y ser amados.

La verdad y el amor son muy buenos amigos, no hay verdad sin tener amor a la verdad y no hay amor sin tener amor de verdad. Los filósofos aman la verdad, la filosofía busca la verdad; las personas buscamos la verdad, el amor y solo tendremos amor si es verdadero, al igual que solo tendremos verdad si amamos la verdad. Por ello, para todo aquel que tuviera la curiosidad en leer este texto o en escuchar estas palabras, solo una cosa le puedo decir: feliz día de San Valentín.



MI mejor amiga


    Para la filosofía escribir es vivir, poner en limpio lo que pensamos, intentar plasmar por escrito para su publicación, para que sean desarrolladas, comprendidas por otras personas. La escritura es la que confiere hondura a los pensamientos; escribir bien para vivir mejor.

    La escritura es un elemento fundamental en nuestra vida diaria; la verdad es que no hay prácticamente día alguno que  seamos capaces de pasarlo sin atender a la escritura. Para demostrar esto tampoco hace falta ir muy lejos; tal vez, lo primero que puede hacer una persona nada más levantarse será abrir el frigorífico y coger la leche para prepararse el desayuno, y para poder realizar esta simple y rutinaria acción, le será suficiente con saber el significado de tales palabras como “lacturale”, “kaiku”, “asturiana”, “ram”… “leche entera”, “semi-desnatada” o “desnatada”. Si nos vamos a  hacer la compra posiblemente atenderemos a la diferencia de los precios, distintas marcas de productos, promociones y ofertas, ver el origen de denominación de tal o cual producto, saber con certeza la composición  e ingredientes del producto… si vamos conduciendo por la carretera veremos muchos carteles distintos; en algunas pondrá “Pamplona-Iruña 50kms”, “Francia 60kms”…

    Todos funcionamos así, nos gusta ver todo explicado, saber lo que compramos, donde estamos, adonde vamos… A mí, por ejemplo, siempre que tengo que leer un libro, me gusta observar la cantidad de páginas que tiene, leer en la tapa lo que me voy a encontrar en el contenido, ver la edición que es, de qué año, la editorial…

   Si vamos a comer a un restaurante, leeremos toda la carta, escogeremos lo que más nos pueda apetecer, y en caso de duda, le preguntaremos al camarero lo que es, los ingredientes que lleva… nos gusta ser exigentes, saber todo detalladamente, aprender de la escritura.

     Si estamos solos en casa, aburridos, tal vez nos apetezca la compañía de una amiga; la amistad es una relación muy bonita que toda persona necesita en su vida; pero hay que saber escoger bien las amistades porque los amigos pueden ser traicioneros, nos pueden mentir, engañar… una mala amiga es como una página escrita llena de errores, que confías en lo que hay, pero en realidad es una farsa.

     Pues sí, la escritura es una de esas buenas amigas que nos acompañan a lo largo de nuestras vidas. Por ello, que algo este mal escrito, fallos de ortografía o alguna palabra equivocada, fuera de lugar, nos puede perjudicar seriamente. La escritura nos enseña cómo hablar, cómo escribir, nos enseña la historia, cualquier ciencia, y todo sin que espere nada a cambio. Escribir significa seguir viviendo, aprendiendo, creciendo…

    La mala escritura es como una mala amiga, de las que te traicionan, porque no hay nada peor que leer alguna cosa y que por el hecho de que esté mal escrita no lo consigamos entender bien, o lo que es peor, que entendamos de un modo incierto y que intentemos enseñar eso mismo como si fuera algo correctísimo. Por ello, son muchos los que insisten en no comprar cualquier libro, sobre todo si han sido traducidos, porque seguramente una editorial habrá conseguido una mejor traducción que otra. Pero si el libro está bien traducido, conseguiremos entender a la perfección lo que el autor quería reflejar mediante esas palabras, sus pensamientos, su sabiduría, y de ese modo, aprenderemos mucho leyendo, y podremos seguir enseñando para que los siguientes aprendan y para que sigan enseñando a los que vengan, y así todo seguirá evolucionando, mejorando, de generación en generación, hacia un futuro siempre mejor.

    La escritura es  la mejor amiga que puede tener una persona, la única traición que nos puede hacer es que entendamos mal por culpa de que no esté bien escrita. Pero si no, la escritura es una de esas amigas que siempre te acompaña estés donde estés, siempre   te aconseja, te enseña, te entretiene, te ayuda, te divierte… es la amiga que todos queremos tener al lado, queremos que forme parte de nuestra vida diaria, y todo eso, sin que espere nada a cambio; amigas hay muchas pero ninguna como ella; la escritura es mi mejor amiga.


la filosofía para un estilo de vida mejor


“Quien se dedica a la filosofía necesita un estilo de vida que facilite el crecimiento personal, tanto el de uno mismo como el de las personas que estén a su alrededor. Un estilo de vida así resulta además a la postre mucho más humano que los comportamientos que se agotan en la posesión o en el consumo de cosas, en la colección de emociones o en la mera acumulación de erudición”[1].

El estudio de la filosofía puede ser útil para muchas cosas. Algunos estudian filosofía simplemente para profundizar en el ámbito del conocimiento por gusto o por querer enriquecer la propia inteligencia de uno; otros estudian para profundizar en el conocimiento y en la metodología con vistas a un estudio de doctorado; pero también hay gente que estudia filosofía porque considera que esta disciplina es la que más nos puede ayudar en las cuestiones más importantes del ser humano: una vida mejor.


La gente que estudia filosofía por gusto o por querer enriquecer el conocimiento de uno mismo, estudia las distintas épocas con vistas a entender mejor la evolución de la filosofía y analizar los pasos que cada época y cada autor haya introducido en el ámbito del conocimiento. Los que estudian filosofía como un método filosófico para el doctorado, lo estudian para la elaboración de una tesis doctoral o para saber completar lo que otros investigadores empezaron y no lo pudieron acabar, se adquieren todos los recursos para seguir avanzando en la investigación de grandes cuestiones, grandes autores para intentar seguir garantizando el futuro a todo tipo de conocimientos.

En mi opinión, y sin intenciones de quitarle la importancia merecida al estudio de la filosofía por gusto o por las investigaciones postdoctorales, creo que el ámbito donde más nos puede servir el estudio de la filosofía es en el de una vida mejor. La filosofía nos enseña muchas cosas pero creo que lo que mejor se puede aprender de ella es saber usar todo lo aprendido para ayudar a la humanidad a construir tanto una actualidad como un futuro mejor y prometedor.

Son muchos los que creen o dicen que la filosofía actualmente se encuentra como en un túnel oscuro y lleno de pasadizos, que no consigue encontrar una luz al fondo, de forma que indique el camino que se ha de seguir para garantizar la evolución del hombre en la vida en un futuro próximo.

Todavía queda mucho trabajo por hacer. Somos jóvenes, de la década de finales de los 80 y principio de los 90, y ya hay gente que se cuestiona si somos o no, una generación perdida. La crisis que ahora mismo estamos viviendo nos demuestra que los jóvenes son los más afectados, que hay gente prejubilada que ha tenido que volver a trabajar para ayudar a mantener a sus hijos y nietos, que tardamos más en madurar… en los institutos de enseñanza secundaria cada vez hay más profesores que se sienten en la obligación de alejarse de las aulas por motivos de depresión, incidentes y enfrentamientos entre alumnos y profesores, problemas con la familia entre padres e hijos, las drogas, el alcohol, irresponsabilidades en acciones que deberían ser primordiales como en el caso del matrimonio…

La filosofía sirve para muchas cosas pero sobre todo creo que sirve para saber discriminar las cosas verdaderamente importantes de las que no son tan importantes. La filosofía exige un comportamiento de reflexión, lectura, saber escuchar, saber escribir… pero, sobre todo, con todo ello aprendemos a ser mejores personas, a sentirnos más a gusto con la persona que somos, a conocernos, a identificar bien las metas de cada uno y de todos en general, y a intentar hacerlas realidad de la mejor manera posible.

Todavía queda mucho por hacer,  muchas cosas por mejorar, descubrir, mucha gente a quien ayudar… y para todo ello es imprescindible conocerse a uno mismo. A base de pensar, reflexionar, atender, leer, escribir y observar, aprendemos a ser filósofos, a filosofar, y no solo a filosofar para elaborar correctamente una tesis doctoral, o para saber redactar una tesis correctamente, o para saber qué dijo cualquier filósofo hace unos años o siglos, sino que la filosofía nos tiene que servir en primer lugar para intentar conocernos a nosotros mismos, para conocer a otras personas, para conocer la realidad y sobre todo para ser mejores personas, para intentar seguir creando un mejor mundo y así, seguir mejorando en todos los aspectos la historia de todos.


[1] J. Nubiola, El taller de la  filosofía, Eunsa, quinta edición, pág. 48-49.

El pastorcito y el lobo

Érase una vez un niño pastor que vivía en un pueblo pequeño; su trabajo era cuidar y proteger, sobre todo de los lobos, las ovejas de los vecinos del pueblo. El día a día de este pastorcito era una continua rutina; todos los días se levantaba temprano para recoger las ovejas de los vecinos y llevarlos al valle de al lado a pastar. Los aldeanos confiaban en él para cuidar del rebaño hasta que un día, por el aburrimiento que le causaba su vida rutinaria, decidió gastarles una pequeña broma aparentemente inofensiva; con lo cual, mientras las ovejas pastaban, el niño empezó a gritar: ¡un lobo, un lobo se está llevando el rebaño, ayudadme!
Los aldeanos dejaron rápidamente lo que estaban haciendo para ir a ayudarle al pastorcito, pero cuando vieron que se trataba de una broma, se enfadaron mucho con el pastorcito, ya que este se estaba riendo al ver la preocupación de los vecinos por la supuesta aparición del lobo. Al día siguiente el pastorcito decidió gastar la misma broma a sus vecinos, y se lo pasó muy bien riéndose al ver que éstos otra vez habían mordido el anzuelo.
Pasados algunos días, el pastorcito volvió a su puesto de trabajo y para su sorpresa, apareció el lobo con la intención de llevarse a las ovejas. El pastorcito empezó a gritar pidiendo ayuda a los vecinos, pero esta vez, nadie le creyó; el pastorcito se quedó llorando al ver que el lobo se había llevado todas las ovejas; en esta ocasión, las únicas risas fueron las del lobo y el pastorcito aprendió que no debía decir mentiras.


En los pueblos pequeños pasa mucho de esto; todo el mundo nos conocemos entre nosotros y esto facilita a la hora de discriminar la gente que miente de la gente que dice la verdad. Cuando alguien miente tarde o temprano se le cae el antifaz y sale a la luz la verdad; es entonces cuando la gente empieza a comentar de las mentiras que dice tal o cual persona y esto conlleva necesariamente a ir por la calle etiquetada; la gente te señala descaradamente, todos desconfían de ti, y tu nombre andará de boca en boca hasta que cualquier otra persona haga algo peor y  los vecinos se ensañen contra él. En los pueblos también hay modas y cada moda llega a su fin con la llegada de cualquier otra novedad, la nueva temporada; es decir, que para que dejen tranquilo a uno, hay que reemplazarlo por otro.

Aún y todo, también en los colegios de los pueblos nos enseñan desde muy pequeños que a quien miente,  le crece la nariz; que a quien se porte mal (sobre todo con la llegada de la navidad), el olentzero le dejará carbón; que a quien no vaya pronto a dormir  el coco (un monstruo malo) le llevará con él a su casa. Pues sí, son las típicas mentirijillas piadosas que sirven como criterio y argumento para que los niños aprendan la importancia de ir por la vida con la verdad por delante.

Todo el mundo sabe lo importante que es siempre decir la verdad, pero todo el mundo miente a lo largo de sus vidas, por muy piadosa que pueda ser esa mentira; y esto me recuerda justamente a un artículo que leí ayer en el periódico: el precio de no saber inglés “todos lo ven importante, pero casi nadie lo estudia”. En este artículo publicado el 29 de enero (domingo) en el Diario de Navarra, el presidente del Consejo General de Colegios de Economistas, Valentín Pich, afirmaba que “9 de cada 10 españoles adultos consideran muy importante conocer alguna lengua extranjera, pero no estudian ninguna”.

En teoría todos sabemos lo que está bien o mal, pero en la mayoría de las veces, no solemos llevarlo a la práctica. En mi pueblo se suele decir que “no hagas a los demás lo que no quieras que ellos te lo hagan” pero aún y todo, a la gente le encanta hablar, les gusta opinar, poner etiquetas, cotillear.  La única forma de que la gente no hable de ti es quedándote en casa, pero esto evidentemente es imposible. Y por lo tanto, ante la imposibilidad de callar muchas bocas, lo más sensato es ir siempre con la verdad por delante, ser honestos, no hacer a los demás lo que no quieras que te sea devuelto, ser justos y correctos.

En el pueblo hay muchos jueces, aunque no hayan estudiado ninguno derecho, y así como a muchos les toca ser condenados, también debo decir que en el pueblo no todo juez es corrupto, porque también queda gente digna, justa, que le da a cada quien el lugar que se le corresponda, y mientras unos son condenados para un largo tiempo, también hay otros que suelen ser absuelto, absueltos de todo pecado, y  en el mejor de los casos también suelen haber honrados.

Cada persona es un mundo, bajo las mismas condiciones y los mismos derechos, todos somos iguales, y por tanto, para todos es lo mismo teóricamente la discriminación entre el bien y el mal, la verdad y la mentira, pero en la práctica, cada persona es un mundo, las formas de actuar varían, ya sea para bien o para mal; pero en el fondo, todos somos iguales, y sentimos cosas parecidas: si hablan bien de nosotros, nos alegramos y nos enorgullecemos, si hablan mal nos fastidia profundamente; si cometemos injusticias seremos castigados, si realizamos actos buenos seremos recompensados. Por ello, lo más importante es ser justos, correctos, y sobre todo, ser honestos y actuar siempre conforme a la verdad. De este modo el pastorcito aprendió la lección, y a partir de ahí siempre deseó decir la verdad.